Como todo en esta vida, mi animadversión hacia la parte trasera de un bar, también tiene un comienzo…un “big-bang”…
Si tu padre es albañil y te tienes que echar al asqueroso mundo laboral sin gota de experiencia (y con una etiqueta de Anís del Mono…), posiblemente acabes poniendo ladrillos o empujando un “carrillo de mano” en una obra….En mi caso la hostelería ha estado siempre presente en mi casa desde que tengo uso de razón y, claro, cuando salí a la calle… ¿Dónde me enchufó papa? Pues eso…
Aunque “eche pestes” de este mundillo, he de reconocer que a día de hoy soy un empleado de hostelería muy competente, elegante y eficiente. No lo digo yo, lo dice mi CV y la valoración del 99% de mis jefes a lo largo de 12 años; y todo esto se lo debo al origen de mi formación.
Corría el año 99: Acababa de perder a una de las personas más importantes de mi vida y justo 2 meses después conocí a la mujer que desde entonces se convirtió en TODO para mí. El día que cumplimos un mes juntos, comencé a trabajar junto a los 2 mejores profesionales de “esto” que he conocido jamás: Mi padre y Pepe Rodríguez, “el pipa”.
Pasar con cualquiera de ellos 15 minutos era más enriquecedor que 1 año en la mejor escuela de hostelería.
Trabaje 16 horas seguidas.
Podría decir que el paso del tiempo hace que se olviden los malos momentos y que suele prevalecer la dulzura del recuerdo, pero no es así; simplemente no quiero “vomitar” amargura en esta entrada…
3 años (pagándome los p*tos libros del bachiller) de noches oscuras, frías y agotadoras tan solo amenizadas por haberlas compartido con mamá , papá y mi querida suegra que también conoció cuan duro es trabajar en el Palacio de Congresos de Sevilla. Cada noche cuando llegaba a casa, fuera la hora que fuese, aquel amor de 15 años me daba las buenas noches y su dulce voz acababa de un “plumazo” con todo el cansancio acumulado durante largas horas empujando un carrillo de platos sucios o limpiando bandejas para señores de patillas sobredimensionadas que solían llevar en sus carteras 1 millón de pesetas en billetes de 5000 (el maravilloso SICAB…)
Aprendí a ser amable, atento con el cliente, a “vestir” una mesa para cada ocasión y a nunca dar “un viaje en balde”. Aprendí observando a una enciclopedia viviente de la hostelería como es Pepe “el pipa” y observando también al autodenominado mejor camarero de Europa.
Hubiera adquirido una gran deuda conmigo mismo si no hubiera hecho referencia a estas personas arriba mencionadas , que me rodearon antes , durante y después de largos días de duro trabajo, pajaritas prestadas y clientelas no muy selectas.
Nunca odiare el día que comencé a trabajar en la hostelería, pues durante estos 12 años me ha reportado un sustento para mí y mi familia y a veces se ser agradecido; pero lo que también es cierto es que desde el primer día que me puse una camisa blanca supe que no quería morir siendo camarero, y no es cuestión de remuneración, es cuestión de sentirse bien con uno mismo y como ya habréis podido intuir , un minuto detrás de una barra es un fino alfiler que se clava en mi corazón.
***por cierto… nunca ha sido mencionado pero practico el pluriempleo a día de hoy y desde hace ya bastante tiempo. Gracias a Dios, mi otro trabajo (mi principal empleo) está a años luz de los bares y espero que con el paso del tiempo me ayude a desvincularme del sector servicios de una vez por todas.